EL OTRO SUEÑO

 

Un sueño trágico, quizá, el de nuestra existencia; y como todo sueño, como nosotros mismos, condenado irremediablemente a desaparecer. Así, entre el sueño y la vigilia, entre la identidad figurada de lo que existe como representación y la existencia misma de una literalidad figurada en lo real del sueño: nuestra transformación.

 

Eso debió de pensar Franz Kafka para quien la vida, sujeta siempre a un dormir vigilante, a un soñar despierto, habría sido materia insomne de escritura, de esa escritura del desastre cuyo don no recibimos pero sospechamos propio, extrañamente familiar a nuestra condición humana, aunque y a pesar de toda actividad interpretativa sea finalmente metamorfoseada en otra realidad; acaso el simulacro quitinoso de una superficie que, como la imagen del insecto, certifica nuestra apariencia monstruosa y reversible. ¿Reversible?

Este hecho, no por insólito menos real, es abiertamente delirante. "Y en la obra como recuerda Blanchot reposa en silencio la misma interrogación, dirigida al lenguaje tras el hombre que escribe y lee, por el lenguaje hecho literatura."

Porque somos eso: literatura de un sueño nunca escrito o todavía por escribir, una irrealidad que se despliega sobre un fondo de ausencia.  Y las palabras, esa sucesión de multiples patitas que se agitan sus pendidas en el vacío de la indeterminación, nos interrogan."Y los ojos Panero dixit― se abren una vez más/ para contemplar el fin del poema". Y súbitamente despertamos. 

 

 

 

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